Objetivo 2016: Vivir sin expectativas…

Cuando dejas de esperar… tu vida cambia.

Dejé de esperar dinero y acepté lo que tenía. Dejé de exigir lo que no me correspondía y dejé de esperar lo que la vida aún no me daba. En momentos, me sentía privada de ciertas cosas y creí que me empeñaba más de lo necesario para obtener éxito, mientras otras personas sin esfuerzo lograban más que yo.


Dejé de esperar que el día de mañana todo fuese asombroso y carecer de problemas. Mi parte infantil deseaba tranquilidad, hasta que mi parte adulta notó que la serenidad ya existía en mi interior y que no dependían de los asuntos que resolver en el exterior.

Dejé de vivir en la espera, sin importar el mañana. Ayer solo me interesaban las cosas buenas y que todo marchara bien, pero antes sentía temor de que pasara algo que no pudiera solucionar. Dejé ir mis expectativas del futuro y me dije a mí misma: “No importa lo que pase, todo saldrá lo mejor posible para mí”. Por supuesto que tengo planes que realizar, pero creo que son más importantes las oportunidades que la vida me tiene preparadas.

Dejé de vivir en la espera y en ese mismo instante sentí mi alma absolutamente ligera, como si realmente empezara a vivir. Porque antes de esto solo pensaba en cómo debía vivir y de golpe, finalmente empecé a hacerlo. Dejé de esperar cosas de mí misma, siempre esperé que algún día saliera a la luz todo mi potencial, que escribiría muchísimos artículos y libros y que sería creadora de cosas fabulosas.

Dejé de esperar mis resultados y dejé de esperar cosas de los demás; que hagan algo bueno por mí, que me valoren, que sean amables y responsables conmigo. También dejé de esperar demasiado de mi pareja, como que me entendiera todo el tiempo o que hiciera lo que yo quería.

Las expectativas suelen detener la energía y la enfocan en un par de cosas. Generalmente en algo que ya tienes en mente, esto impide que fluya la energía y que la vida te regale lo mejor para ti. Y normalmente “lo mejor” es lo que tú menos esperas.

Siempre estaba a la espera de algo, mi mente fabricaba lo que yo quería que pasara y mi cabeza trabajaba bajo presión para cumplir mis propias expectativas sin olvidarme ninguna.

Fuente

No sabía cómo obtener las cosas que esperaba de mí misma y curiosamente encontraba respuestas cuando dejaba de pensar. Porque desde antes quería saber cómo iban a pasar las cosas, lo cual es imposible.

Antes pasaba por un proceso de preparación mental, el cual tardaba tanto, que cuando debía actuar; no tenía las fuerzas y ya ni quería hacerlo. Era como aplicar toda mi fuerza en la preparación para un examen, pero leía y repasaba tanto que cuando llegaba la hora, no era capaz de demostrar lo mejor de mí. Cuando me cansé de esta situación, deje que ocurriera una revolución en mi interior.

Me dejó de importar el “cómo”, me relajé y dejé pasar lo que tenía que pasar…

Y desde ese momento, empezaron a suceder milagros en mi vida:

1. Comencé a ser más eficiente y hacer cosas sin pensar. Es sorprendente como todo va mejor.

2. Conocí gente muy interesante. Ahora conozco gente en la calle, en el supermercado, en el ascensor, donde sea.

3. Empecé a escucharme a mí misma y se me ocurrieron ideas geniales. Al escuchar me di cuenta de que podía realizar cualquier cosa sin entender cómo y en el proceso de hacer mis ideas realidad, encontraba la mejor forma.

4. Pedí solo lo que necesitaba en ese momento y rechacé lo que no fuese necesario. Ya no me interesa si los demás entienden o no.

5. Antes compraba muchas cosas innecesarias y ahora compro productos de buena calidad pero a un precio accesible.

6. Comenzaron a pasar muchas cosas y casi no tengo tiempo libre. Pero lo que más me sorprende es que no me esfuerzo tanto como lo hacía antes y aún así logro todo. Además, ahora organizo algunas actividades importantes en lugar de reaccionar a las cosas que simplemente ocurren.

7. Frecuentemente, me encuentro en el momento correcto y en el lugar adecuado. Las cosas se han alineado de la mejor manera y me llevan adonde yo quiero llegar.

Ahora las cosas llegan por su cuenta, todo tiene sentido y valoro los regalos diarios que me da la vida, sin lamentarme de lo que aún no me da. No me daba cuenta, estaba ciega, esperaba algo más y me preguntaba, ¿cómo lograr mis objetivos?

Era muy sencillo, decidí que ya no era necesario controlar mi propia vida ni saber cómo y cuando iban a ocurrir las cosas, dejé ir mis expectativas y sentí como fluye la vida, como todo cambia y se ajusta. Aprendí a aceptar todo lo que la vida me ofrece en ese mismo instante.

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Via. elclubdelospoetasmuertos.com

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