12 de Mayo de 2004…

 

A  mis hijos,  Xavi y Marc…

12 de Mayo…

Un día, no mucho tiempo atrás, dos bebes nacieron… erais vosotros!!

Los pronósticos para que naciérais eran infinitamente pequeños. Vuestro padre y yo no solo tuvimos que conocernos y reencontrarnos de nuevo, sino también atraernos y permanecer juntos el tiempo suficiente para que vuestra creación ocurriera.

Aquí estáis, nos habéis traído un regalo único! Un regalo Divino…

El mundo nunca había visto unas personas como vosotros, sois perfectos, nadie igual a vosotros existirá jamás (excepto vosotros mismos).

Este es vuestro tiempo, estaréis aquí solo por un periodo que se hará corto, como un abrir y cerrar de ojos, aquí crearéis, amaréis, aprenderéis y compartiréis vuestra vida con mucha gente a través de vuestros años y se que algunas cosas parecerán problemas y por momentos tal vez sentáis que vuestro camino es duro y sin sentido, pero solo por el hecho de atravesar cada uno de esos momentos, existirá la prueba de que sois más fuertes y más determinados de lo que jamás podáis imaginar.

Cuando apreciéis esto, cualquier límite que tengáis habrá desaparecido en un instante!

Esos momentos de felicidad que compartiréis con otros, serán posibles solo por VOSOTROS, sin vosotros nunca ocurrirán. Por vosotros hay más alegría en el mundo, más esperanza y compasión y sobre todo más optimismo.

A medida que pase el tiempo, cada acto, aunque parezca ser solo una pequeña piedra en el inmenso mar, al arrojarla creará una onda que se extenderá, así como un pensamiento, asi como una palabra, extendiéndose hasta alcanzar a cientos, a miles de personas, tantas que tal vez nunca conozcáis.

Cuando extendáis vuestro amor, inspiraréis a otros a hacer lo mismo, cuando sonriáis, crearéis otra sonrisa en la persona que os observe… Solo aquellos que han despertado podrán ver vuestra luz donde otros solo verán oscuridad.

Os agradezco inmensamente el haberme elegido y por estar aquí.

Gracias por vuestro amor, amor sin condiciones, amor de verdad.

 

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Texto extraído/adaptado de la red

 

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Dejate fluir…

Prendía luces de día… (para ayudar al sol a que alumbrara…); y abanicaba al viento… (para que no cesara de soplar…); perfumaba las flores… (para que no perdieran su fragancia…), y le echaba agua al río… (para que no mermara su caudal…).

Hasta que un Ángel bajó a decirle: “No es necesario que te esfuerces…; la Vida guarda su equilibrio…; ¡todo está bien tal como es…!”

“Cuando el Creador creó los Mundos, en un supremo acto de amor…, estuvo en todos los ¨detalles¨ … : desde los soles…hasta la flor…”

“Deja que todo siga su curso… ¡…se te agradece la intención…!, pero entrégate al flujo eterno… ¡¡¨y no interrumpas la Canción…¨!!”

¿Y que hay de tí, camarada de ruta?

¿Te dejas fluír en el Río de la Vida…?

¿O “interrumpes la Canción” a cada momento…?

Si eres de los que “perfuman las flores” para que sigan aromando…entonces…, tal vez esta meditación pueda ayudarte a confiar en que “todo está bien tal como es”…, y a “dejarte llevar”…, …sólo “dejarte llevar”…

MEDITACION: DEJATE FLUIR (Jorge Oyhanarte)

Estás allí…flotando sobre el agua…en la corriente transparente de un río sereno…, que corre mansamente buscando su nivel…

Sus manos líquidas te sostienen en este viaje…; te abandonás plácidamente sobre ellas…, y te dejás llevar…

¡Qué leve es todo…! ¡Qué bello y luminoso…! ¡Cuánta paz y dulzura en tu corazón…!

Desaparecen las preocupaciones…los detalles…las trivialidades…, y vas soltando de a poco, todas esas pequeñas cosas humanas que empañan la vida…

Sólo vos…allí…deslizándote suavemente corriente abajo…; el cielo de un azul intenso arriba tuyo…, la caricia dorada del sol sobre tu piel…, y el verde de la vegetación exuberante a los costados…

Y esa sensación de levedad y sosiego…de flujo y liviandad…, como si flotaras más allá de todo…más allá de todo…, ya no sobre las manos del agua…sino sobre las manos de Dios…

Te vas fundiendo en esa sensación extática de gozo infinito…¡te vas adentrando suavemente en el Eterno Ahora…!

Y sentís, en lo más profundo de tu ser…, que todo está bien …, que todo ¨siempre¨ estuvo bien…; que sólo era cuestión de ¨quitarse de en medio¨…y fluír con la corriente de la vida…sólo fluír…

Que ya no importan los resultados…-¿quién busca algo acaso?-…; sólo importa dejarse llevar en ese flujo de bienaventuranza…en ese curso suave que todo lo acomoda…que todo lo serena…que todo lo encauza…

Y de pronto, intuís que el río es tu maestro…; prestás atención…y escuchás el murmullo de sus ondas de plata que te van diciendo… :

“¡Hacé como yo…! ¡Facilitá el fluír de lo que se presenta…! Dejá que los procesos se desenvuelvan por sí solos: …no te entrometas…,no impongas tus necesidades…, no controles…, no intervengas innecesariamente…, sólo permití que las cosas sucedan… Cuando confiás en la sabiduría de la corriente…, la corriente confía en vos…, y todo se despliega como debe hacerlo…”

El susurro de las aguas con su conocimiento ancestral, parece detener por un momento su mensaje…para que lo asimiles cabalmente…, y luego prosigue :

“En lo más íntimo de tu alma…sabés bien que en realidad no hay nada que perder…nada que ganar…nada que temer…; ni siquiera a la muerte, porque es sólo otra forma de volver al Hogar…, como me pasa a mí, que muero sin nostalgias un poco a cada instante…al ir mis aguas desembocando allá en el mar…mi Casa Grande…”

Mientras lo escuchás hablar, un “click” de súbita comprensión relampaguea en tu mente…, y una gravosa mochila hecha de tiempo y de hábitos…, se desata de tu espalda…y cae pesadamente sobre el lecho del río…

Y allí…con ella…, se quedan atrás tus antiguos modos de transitar la vida…

Y ves en un flash…como en una película super acelerada…, a tu “viejo yo” aferrándose a tantas cosas que no valían la pena…: …a la búsqueda constante de resultados…; a querer controlarlo y decidirlo todo…; a desesperarte cuando los ¨desenlaces¨ no encajaban con tu “plano de rutas”…; a esperar siempre un beneficio de cada gesto…

Y todo ello queda allí…sepultado para siempre en el fondo del río…, como un íntimo secreto sólo compartido entre él y vos…

Mientras tanto, la corriente imperturbable sigue hablándote…:

“Si mi fuerza consiste en rodear… y ceder…, y envolver… y fluír…, la tuya radica en la luz de tu conciencia : actuá desde tu centro…y entonces en tu senda no habrá victorias ni derrotas… : sólo habrá vida por vivir…

Y es así como podrás ver la esencia de lo que ocurre a cada instante…, y podrás entonces echar luz –disimuladamente- sobre todas las situaciones…incluso las más oscuras…¡porque sólo el que no intenta brillar…, ilumina !

Y serás flexible con todo lo que a ti llegue…-tal como lo soy yo-,…pero siempre desde tu Centro inamovible.

Y antes de que te vayas de mí…quiero obsequiarte este recordatorio…, para que puedas recuperar este estado de “despiertitud”…, si acaso el viento de las circunstancia quisiera perturbarte…

Si eso llegara a suceder, decíte entonces a vos mismo: ¨en mi mundo todo está bien…; sé que la Vida cuida de mí…; en las aguas mansas del eterno río…, me dejo llevar…, me dejo fluír…¨

¡Y volverás instantáneamente a revivir este momento…, como si fuese por primera vez…!

¡Y volverás a ser lo que ERES…; ni más ni menos, lo que REALMENTE ERES…!

Y ahora te dejo… ¡Debo seguir fluyendo…!”.

Estremecido de júbilo, comenzás a nadar hacia la orilla…para incorporarte otra vez al mundo…, mientras ruedan por tus mejillas, lágrimas de emocionada gratitud…, que al mezclarse con las ondas del agua, parecen destellar con reflejos de oro y de cristal…

En el silencio sagrado del atardecer, te comprometés con vos mismo a no volver nunca más a enfrentar las situaciones de la vida, desde la misma “conciencia” con que lo hacías antes…

Ahora vas a hacerlo únicamente desde el centro de tu Esencia…, desde las altas vibraciones de tu Ser Real…, tu verdadero Yo…

Y al salir ya por completo del agua, te despedís de tu espléndido instructor… :

-“¡Adios, hermano río…! ¡Adios, Maestro de mi corazón…! Te dejo con pesar…pero sé que cada uno debe seguir su curso…”

-“¡Adios, amigo…! –reverbera el murmullo del agua en tus oídos…-; ¡Adios…! ¡Y vé confiado…! Porque…¿te has dado cuenta…? ¡¡Ya estas aprendiendo a desprenderte…!!”

Diferencia entre querer y amar…

—Te amo —le dijo el Principito.

—Yo también te quiero —respondió la rosa.

—Pero no es lo mismo —respondió él, y luego continuó—

Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía. Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.

Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.

Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo.

Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro.

Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar. Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento.

Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza. Y conocerse es justamente saber de ti, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.

Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos.

Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como pareja, padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí. Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar.

—Ahora lo entiendo —contestó ella después de una larga pausa.

—Es mejor vivirlo —le aconsejó el Principito

CUANDO TE PERMITES LO QUE MERECES, ATRAES LO QUE NECESITAS…

Cuando eres consciente de lo que mereces, y por fin, te lo concedes, y aprendes a priorizarte un poco más a ti mismo, llegará lo que necesitas en realidad. No es magia, ni es el universo tejiendo sus leyes de atracción. Es nuestra propia voluntad para ser felices, para tomar las riendas de nuestra vida…

Empezaremos proponiéndote una pequeña reflexión… ¿Qué es lo crees que te mereces a día de hoy?

Puede que hayas pensado en un descanso. En permitirte que el tiempo discurra un poco más despacio para poder así, apreciar todo lo que te rodea. Disfrutar del “aquí y ahora”, sin estrés, sin ansiedad.

Es posible que hayas pensado también “que mereces alguien que te quiera”, que te reconozcan un poco más. Sueles esforzarte mucho por los demás y no siempre ven todo aquello a lo que has llegado a renunciar.

Todos, en nuestro interior, sabemos qué es lo que merecemos. No obstante, el reconocerlo es algo que a veces nos cuesta porque pensamos que puede llegar a ser una actitud egoísta.

¿Cómo decir en voz alta cosas como “necesito que me quieran”, “merezco ser respetado/a”, “merezco tener libertad y tener las riendas de mi vida”? En realidad, basta con decírnoslo a nosotros mismos.

No debemos equivocarnos, porque priorizarnos un poco más no es una actitud egoísta. Es una necesidad vital, es poder crecer interiormente para ser felices.

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Las actitudes limitantes

Muchos de nosotros solemos desarrollar a lo largo de nuestra vida muchas actitudes limitantes. Son creencias en ocasiones inculcadas durante nuestra infancia, o incluso desarrolladas posteriormente en base a determinadas experiencias.

Son esos pensamientos expresados en frases como “no valgo para nada”, “yo no soy capaz de hacer eso, fracasaré”, “¿Para qué intentarlo si siempre me salen las cosas mal?”…

Una infancia complicada con unos progenitores que nunca nos dieron seguridad, o incluso relaciones afectivas basadas en la manipulación emocional, suelen limitarnos casi de un modo determinante. Nos volvemos frágiles por dentro y vamos poco a poco, deshilachando nuestra autoestima.

Reestructura tus creencias. Tú eres más que tus experiencias, no eres quien te hizo daño o quien alzó muros para privarte de tu libertad. Mereces avanzar, mereces leer en tu interior y reconocer tu valía, tu capacidad para ser “apto” en la vida y sobre todo, feliz…

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Lo que mereces, lo que necesitas

Lo que merecemos y lo que necesitamos está tan unido como el eslabón de una cadena. Te pondremos un ejemplo: “Necesito a alguien que me quiera”. Es un deseo común. No obstante, empezaremos cambiando la palabra “NECESITO”, por “MEREZCO”.

Te mereces a alguien que sepa leer tus tristezas, alguien que atienda tus palabras, que sepa descifrar tus miedos y ser el eco de tus risas. ¿Por qué no? Al cambiar la palabra necesidad por merecer, eliminamos ese vínculo de apego tóxico que en ocasiones, desarrollamos en nuestras relaciones afectivas.

Si necesitamos algo para ser felices nos volvemos cautivos de nuestras propias emociones

Empieza por ti mismo/a. Sé tú la persona que quisieras tener a tu lado… La que merece caminar los pasos de tu vida. Al final, llegará alguien que se reflejará en ti. No obstante, empieza también con estas importantes dimensiones:

-Libérate de tus miedos.

-Disfruta de tu soledad, aprende a leer en tu interior, a empatizar más contigo a la vez que con los demás.

-Cultiva tu crecimiento personal, disfruta de tu presente, de lo que eres y de cómo eres.

-Aprende a ser feliz con humildad, desactivando el ego, madurando emocionalmente.

En cuanto te des a ti mismo todo aquello que mereces,convirtiéndote en la mejor versión de ti, llegará lo que necesitas

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Priorizarse a uno mismo no es ser egoísta

Muchas veces seguimos siendo prisioneros de esos pensamientos limitantes explicados al inicio. Hay quien encuentra su felicidad dándolo todo por los demás: cuidando, atendiendo, renunciando a ciertas cosas por los demás.

Es posible que nos educaran así. Ahora bien, siempre llega un momento en que hacemos balance y algo falla. Aparece el vacío, la frustración, el dolor emocional…

Como todo en esta vida, existe la armonía, la conjunción de tu espacio y mi espacio, de tus necesidades y nuestras necesidades. La vida en familia, en pareja o en cualquier contexto social, debe construirse mediante un adecuado equilibrio donde todos ganen y nadie pierda.

En el momento que hay pérdidas, dejamos de tener el control de nuestra vida, dejamos de ser protagonistas para convertirnos en actores secundarios.

Reflexiona durante un instante en estas breves ideas:

-Merezco un día de descanso, para mi mismo, en soledad. Esto me ofrecerá lo que necesito: pensar, liberarme del estrés y relativizar las cosas.

-Merezco ser feliz, tal vez sea el momento de “dejar ir” determinadas personas, o aspectos de mi vida. Ello me permitirá conseguir lo que necesito: una nueva oportunidad.

Todos merecemos dejar de ser cautivos del sufrimiento, de nuestras propias actitudes limitantes. Abre los ojos a tu interior, descifra tus necesidades, escucha tu voz. En el momento que te permitas lo que mereces, llegará lo que necesitas…

 

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Abandonar el peso del pasado…

 “No hay que renunciar al pasado porque sea malo, sino porque está muerto” (Tony de Mello)

Efectivamente, no hay que renunciar al pasado porque sea malo, ni hay que engancharse a él porque fue bueno: hay que dejarle seguir en el recuerdo, más o menos vivo, pero como invitado silente al que se acude cuando uno quiere, pero, mientras, no entorpece y estorba.
El pasado es la forma en que llamamos a todo lo que pasó justo antes de este momento. 
Está compuesto por todas las vivencias que tuvimos, por los bellos mensajes que nos dejaron las cosas cuando sucedieron, o por las heridas que nos causaron; por las personas que tratamos, por los sueños que tuvimos, por las alegrías y las decepciones, por los besos y las heridas, por lo que hicimos y por lo que no hicimos. 
Se alimenta, casi siempre, de nostalgia o de arrepentimiento. 
No tiene entidad. No se puede tocar, ni se puede ver: sólo unas fotos o unos documentos escritos dejan constancia de que una vez fue presente. 
Pero el pasado no es lo que archivamos en la mente, porque ésta siempre se encarga de dar su versión particular y de añadir o quitar, según los intereses de cada uno de esos recuerdos; además, olvida, o deja que el tiempo redondee las aristas como hacen los ríos con las piedras. También permite que, desde que se crearon los malos recuerdos, engorden desaforadamente hasta salirse de su realidad.
Nuestro pasado, en muchísimas ocasiones, no es la realidad de lo que pasó, sino una opinión de lo que sucedió.
Al pasado acudimos mediante el recuerdo, y por supuesto que tenemos que recordar el pasado, pero con el fin de sentirlo como un fundamento de nuestro ser, como una fuente de experiencias y aprendizaje; eso sí, recordando siempre de forma instantánea que no está ocurriendo “ahora”, que no es nuestro “ahora”. 
La mayoría de las veces caemos en la trampa que nos tiende: los momentos del pasado afloran a la mente consciente (parece que esto lo impulsa el deseo de evolución) y tendemos a creer que estamos reviviéndolo. 
Esto trae el pasado al “ahora” con tal intensidad que lo remplaza. Si es así, entonces perdemos contacto con la correcta prioridad del tiempo, porque la persona tiende a responder a las mismas situaciones o las mismas respuestas, hasta que es consciente de su “ahora” y de su deseo de actuar como “ahora”.
Es muy importante comprender claramente este último aspecto de su utilización, porque, en muchas ocasiones, tenemos tendencia a acudir al pasado e instalarnos en él, que no es lo mismo que traerlo a nosotros para recordarlo, disfrutarlo, o aprender. 
Lo explico:
Esta es una representación imaginaria de nuestro paso por los años: partimos de cero y vamos hasta el último. No es correcta porque no vamos por los años, sino que siempre estamos en el presente, en hoy. 
Pero, para quien siga utilizando esta forma y hasta que se dé cuenta de que no es así, le cuento dónde está el error de la utilización del pasado. 

Yo estoy en un punto de mi vida hoy (por ejemplo, 45 años) y voy hacia el final (por ejemplo, 100 años), si me ocupo en volver al pasado, hacia los 20 años, hacia los 30 años, no avanzo, sino que me detengo, e incluso retrocedo. 

La actitud correcta es traer esa etapa o situación pasada al día de hoy, que venga ella, que me acompañe durante un momento en mi actualidad o mi caminar, y, después, ella misma regrese al sitio donde debe estar. 
La diferencia entre las dos posturas es evidente: si yo voy a mi pasado y me instalo en él, sintiendo como sentía en el pasado, aferrado a lo que ha pasado, pensando y actuando como en el pasado, no estoy viviendo en mi presente, no sigo creciendo, no conozco nuevas tierras ni más amplios horizontes. 
En cambio, si traigo con el recuerdo, serenamente, algo que ya ha pasado hasta el día presente, sin dejar ni un solo instante de estar aquí, en mi actualidad, yo sigo en mi Camino y él me acompaña durante un rato.
El pasado está lleno de enseñanzas, no hay duda, de las cuales hemos visto algunas y otras quedan escondidas, porque entonces no las vimos o no las quisimos ver. 
Suele pasar mucho con las situaciones pesarosas del pasado, que sólo hemos extraído de ellas el sufrimiento y nos hemos quedado sin aprehender la lección, con lo cual corremos el riesgo más que probable de que se vuelva a repetir. 
Por supuesto que es bueno volver a traer esas situaciones al presente, pero para examinarlas a la luz serena del presente, sacar el jugo que llevan, y sacar la advertencia o el consejo. 
No ha de doler hurgar un poco más allá de donde está el sufrimiento, porque justo inmediatamente detrás aparece en toda su magnitud la lección de esa experiencia.
Y es importante revisar las actitudes del pasado, porque en muchas ocasiones, y sin ser conscientes de ello, estamos actuando de acuerdo a ellas. 
La constante repetición de fobias, experiencias y traumas del pasado siguen manteniéndonos anclados dolorosamente en el pasado. 
Fíjate en esto: no hay “hábitos” en el “ahora”, porque el “ahora” está naciendo constantemente; el “ahora” es siempre una nueva experiencia a través de la cual existe un sentimiento de novedad en todas partes. El “ahora” es virgen, y en el “ahora” está todo por hacer y se puede hacer del modo que uno decida libremente hacer.
Traer el pasado al presente, con ánimo de aprendizaje, es una buena decisión, porque es a través de eso donde podemos encontrar lo que se llama la mente programada. 
Consiste en darse cuenta de que la educación, las vivencias, y los modos de actuar del pasado. Si no los actualizamos, siguen mandando en nosotros, haciéndonos funcionar de una manera mecánica y con los datos que nos inculcaron entonces o que arrastramos desde entonces. 
Podemos estudiar muchas cosas y darnos cuenta de muchas otras, pero si no vamos al origen donde nacieron las tomas de decisiones y las formas de acción, el sitio donde esta el control de mando, y si no comprobamos si funciona de forma autónoma e inconsciente, o si no somos capaces de actuar de forma fresca y distinta en cada una de las situaciones, nunca sabremos cuánto hay de libertad y de voluntad propia en cada uno de los pensamientos que nos nacen; nunca sabremos quién nos ha dicho lo que tenemos que hacer, por qué y cómo; nunca sabremos cuánto de miedos infantiles o de educación equivocada seguimos arrastrando; nunca sabremos si estamos siendo lo que podríamos ser o si seguimos regidos por una mente programada que no sabe salirse de la repetición constante de la misma respuesta al mismo estimulo. 
Sería bueno preguntarse, ¿Realmente estoy siendo YO?… 
¿O me manda esta mente que me habita, convertida en dictadora?… 
¿Seguro que se distinguir entre yo y mi mente?… 
Es muy importante desde el presente ver el pasado y tomar consciencia y posesión del presente, para inaugurarlo todo: desde una forma distinta de pensar (en el caso de lo que sea necesario modificar, ya que no hay que modificar todo y porque sí) hasta una nueva concepción de la manera de sentir o de vivir.
Es bueno revisar si en el presente sigues creyendo y arrastrando cosas del ayer. 
Por ejemplo, si tienes un complejo de que eres mal dibujante porque en el colegio sacabas malas notas en dibujo… 
¿Qué te importa ahora?
¿Por qué sigues sintiendo dentro de ti una incapacidad que no te sirve para nada, pero que en cambio tiñe una parte de ti de un color sobrio?
¿Qué importa que en el colegio fueras un mal portero y te metieran muchos goles y el resto de compañeros se burlasen de ti?
Ya no estás en el colegio… 
Ser mal portero corresponde al pasado… 
¿No podrías perdonarte por aquello –o borrarlo completamente con todas sus secuelas- y comenzar de nuevo?
¿Qué importa que tu madre dijera que eras una mala cocinera porque te costó trabajo aprender?
¿Acaso no sabes cocinar ahora?
¿Qué importa que fueras el patito feo del baile, si ahora has descubierto que hay otros tipos de belleza?
Ya sabes que no se ha de ser el mejor de todo, ni el que más de nada, sino que se ha de ser quien se es; ser uno mismo, hasta donde se llegue, hasta donde se pueda.
El pasado puede convertirse en una atadura implacable que lucha con fiereza para mantenernos a su lado.
El pasado no nos suelta, como si fuéramos su más codiciada presa; nos engaña diciéndonos que él es la experiencia que ya hemos pasado y que ahí podemos estar tranquilos; el pasado engatusa, nos miente diciendo que nosotros somos el pasado; el pasado desmiente al futuro y proclama que solo él es cierto, y nos embauca recitándonos el refrán que dice que “vale más malo conocido que bueno por conocer”; el pasado nos ata, y nos estanca; nos corta las alas, y nos intenta convencer de que no podemos escapar de él, porque contiene y mantiene cosas de la que tenemos que arrepentirnos y por las cuales aún hemos de sufrir un poco más.
Y no es cierto. 
El pasado no existe. 
El pasado es algo que murió hace tiempo. 
Lo único que aún queda es el fantasma de su paso, pero hemos de tener la seguridad y la paz de saber que no puede seguirnos, ni puede atraparnos, ni puede enviarnos sus demonios… si no estamos abiertos a aceptarlos.
Tomar conciencia del presente, sabiendo que es en el presente donde estamos todo el tiempo –y que podemos tomar libremente las decisiones que queramos por propia voluntad-, y tomar la firme y sensata decisión de escapar de las malas influencias del pasado –poniendo al mismo tiempo a buen recaudo todas las buenas-, es una labor ardua y gratificante que sería bueno que ocupara todo el tiempo que está por venir.
Será estupendo escapar de las malas influencias de esa parte cruel del pasado que nos recrimina y nos fuerza negativamente, y empeñarse en la noble tarea de construir un presente descondicionado, libre, grato y gratificante.
Te dejo con tus reflexiones…


Gracias, Francisco de Sales

Atrévete…!

Atrévete a pensar que hay algo más allá del horizonte, que el mundo no se acaba en el punto más lejano al cual llegue tu vista, se extiende imponente hacia el infinito presentando ante ti un sin fin de posibilidades…
Atrévete a creer que Dios está presente en cada uno de tus actos, que cuando más sólo te sientes más pendiente está de ti, que estará para ti aún si llegaras a dudar de su existencia, porque Su amor es absoluto e incondicional…
Atrévete a estar solo, a disfrutar de ti mismo, porque tu mejor compañía eres tú, porque no necesitas muletas para recorrer tu camino, porque viaja más rápido quien viaja sólo, porque cada instante pasado contigo mismo es un instante vivido con la persona más importante de tu vida: TÚ…
Atrévete a aceptar las cosas que se salen de tu control con el mismo amor con que recibes lo que sale de acuerdo a tus planes, confiando plenamente que todo mejorará y que tienes el poder de resarcir hasta lo que parece irreparable…
Atrévete a tomar las cosas con calma, a ocupar el tiempo que necesites para resolver tus cosas, para seguir adelante, para disfrutar cada momento, para tomar tus decisiones, porque nadie puede imponerte su ritmo, porque cada ser humano tiene su propia velocidad, porque el tiempo de Dios es perfecto…
Atrévete a construir la realidad que quieres para ti, reconociéndote artífice de tu futuro, tomando la batuta y dirigiendo tu propio destino, llegando hasta donde quieras llegar…
Atrévete a comenzar de nuevo, de cero si acaso es necesario, porque nadie puede limitar tu prerrogativa de reinventarte…
Atrévete a amar sin condiciones, sin reservas ni temores, sabiendo que el acto de amar en sí mismo es extraordinario, comenzando por amarte a ti mismo, apreciando cada una de tus virtudes y cada uno de tus defectos, porque ellos te hacen un ser único e irrepetible…
Atrévete a dar lo mejor de ti en cada circunstancia y en cada relación, entregándote sin reservas, conservando la fe, sintiéndote orgulloso de saber que pones el corazón en cada acto…
Atrévete a seguir sin importar cuantas veces tropieces, porque cada error aumenta tu sabiduría, cada caída te fortalece, siempre y cuando seas capaz de levantarte y continuar la marcha hacia tu realización…
Atrévete a voltear la página y no seguir viviendo del pasado, ya nada puedes cambiar de lo que fue, pero si puedes aprender para no volver a errar y seguir caminando hacia el éxito que es tuyo por derecho…
Atrévete a decir lo que piensas, lo que sientes, aún cuando los demás no estén de acuerdo, de la mejor manera, asertivamente, sin cohibirte ante los demás porque no estén de acuerdo contigo, porque cada ser humano es diferente y puede discrepar y expresarse…
Atrévete a admitir que estás predestinado a ser feliz, que la armonía y la paz son tuyas por derecho, que por el sólo hecho de haber nacido mereces la felicidad…
Atrévete a reconocer que cada situación tiene su enseñanza, que los momentos de gozo nos enriquecen tanto como las tribulaciones, que hay fuerza dentro de ti para enfrentar cualquier evento, planificado o no, que una hora vivida es una lección aprendida…
Atrévete a pedir en grande, todo lo que anheles, porque mereces lo mejor, porque lo vales, y lo que tus palabras decreten con fe llegará a ti tarde o temprano…
Atrévete a equivocarte y seguir adelante, porque todo lo que no acaba contigo te hace más fuerte, porque triunfa el que continúa a pesar de sus faltas, y tú eres un triunfador…
Atrévete a dibujar en tu mente la vida que quieres, reconociendo tu poder creador, aprovechando la fuente inigualable de la imaginación…
Atrévete a confiar en ti mismo, porque estás lleno de asombrosas cualidades que, si aún no han aflorado por completo, indudablemente emergerán cuando más lo necesites…
Atrévete a mirar más allá de las simples apariencias, descubriendo la belleza escondida en cada ser humano, nutriéndote con cada frase, con cada gesto, maravillándote de poder compartir con tus congéneres…
Atrévete a aprender cada día, porque la sabiduría del universo es infinita y nunca será tarde para cultivarse y seguir creciendo…
Atrévete a mantener la esperanza, porque el mundo pertenece a los soñadores, a los que se niegan a claudicar…
Atrévete a ser TÚ, porque eres perfecto, nadie tiene derecho a cambiarte, y en la medida en que te aceptes tal cual eres ganarás el respeto y la admiración de quienes te rodean…

Solo se, que no se nada…

La mente quiere aterrizar, desea fijarse a algo, aferrarse a un concepto, pero sólo seremos verdaderamente libres cuando ya no nos aferremos a nada.
La verdadera madurez está ahí, en abandonar conscientemente las percepciones mentales, tanto las positivas como las negativas.
Se trata de aceptar el grado de entrega necesario para soltarte de todas las experiencias y de todas las referencias personales.

Cuando la mente se relaja, entonces sabes quién eres y lo que eres en todo momento, aunque no puedas definirlo, ni describirlo o hablar de ello. Simplemente lo sabes porque lo eres.
Es la máxima liberación de la identidad y la separación.
Te das cuenta de que todas las definiciones que tienes sobre ti no son más que un concepto y, por tanto, una mentira.

Entonces la mente se detiene.
Al decir que la mente se detiene, no quiero decir que todos los pensamientos desaparezcan. Ese no es el resultado de la mente que se detiene. Lo que hace es dejar de interpretar la realidad. Entonces te quedas con una realidad en bruto, sin deformaciones. Es la experiencia de la libertad profunda y liberadora. Te alivias de un gran peso.
Tus pensamientos no tienen que dejar de pasar por tu mente. No necesitas cambiar nada. Tu mente sólo tiene que hacer una cosa: contemplar con mucha curiosidad la pregunta ¿qué soy yo realmente?
La contemplación de esta pregunta te llevará precisamente más allá del pensamiento.

Si te preguntases ahora mismo ¿quién soy yo?, ¿qué es lo primero que dirías?…

Cuando te haces consciente de que “no sé quién soy”, la firmeza desaparece de los cimientos de tu vida.
La auténtica liberación está más allá de la mente.
Cuando llegas a lo desconocido, en realidad estás a las puertas de la liberación. Lo único que tienes que hacer es sumergirte en el hecho de que no lo sabes.
¿Cuál es la experiencia del no saber? ¿Cómo te sientes realmente al no saber?

Si no escuchas a la mente diciendo “oh no, necesito saber”, y no te asustas; y si acudes directamente a tu sensación, verás que te sientes muy bien en el no-saber. Te sientes muy liberado, desde el principio. No saber es un alivio, pues lo que creías ser es lo que generaba todos los problemas. Es lo que cargaba con todo el peso.
Pon tu atención precisamente ahí, en el no-saber, eso es todo lo que tienes que hacer.
¿Cómo te sientes al no saber? ¡Oh, es tan maravilloso!
Limítate a descansar ahí…
No llegarás al conocimiento sabiendo, sino no sabiendo.
Estarás a un millón de kilómetros de todo lo que sabes, cada vez a más profundidad, lo que implica que estarás más allá de la mente. Entonces lo verás en un instante, y lo sabrás.

Alcanzarás sabiduría por el mero hecho de descansar en el no saber. Es una paradoja. Cuanto más descanses en el no saber, lo que implica no aferrarse nunca a la mente, más directa será tu experiencia de sabiduría. Surgirá en un instante.

Nos pasamos muchas vidas danzando junto a las mismísimas puertas de la libertad. Hacemos piruetas en el descansillo y nunca sabemos bien quiénes somos. Bastará un chasquido, una vuelta más de ese nudo, para obtener sabiduría, eso es todo. Es tan fácil. No es difícil. Lo que ocurre es que la gente no sabe adonde ir. En cuanto sabes adonde ir y tienes el coraje de ir ahí, es fácil. Dirígete hacia lo desconocido, experimenta lo desconocido, sé lo desconocido. Todo el conocimiento verdadero se despierta en lo desconocido.


Adyashanti

Un 15 de enero…

En este día tan especial, en el que cumplo 15 años de vida y unos tantos más de experiencias, deseo compartir con vosotros este viejo poema indio que en su día me hizo reflexionar y mirar hacia una nueva dirección más luminosa… 
Te deseo Tiempo…
No te deseo un regalo cualquiera,te deseo aquello que la mayoría no tiene: te deseo tiempo, para reír y divertirte.

Si lo usas adecuadamente, podrás obtener de él lo que quieras.

Te deseo tiempo para tu quehacer y tu pensar no sólo para ti mismo, sino también para dedicárselo a los demás.

Te deseo tiempo, no para apurarte y andar con prisas, sino para que siempre estés content@.

Te deseo tiempo, no sólo para que transcurra, sino para que te quede: tiempo para asombrarte y tiempo para tener confianza y no sólo para que lo veas en el reloj.

Te deseo tiempo para que toques las estrellas y tiempo para crecer, para madurar. Para ser tú.

Te deseo tiempo, para tener esperanza otra vez y para amar, no tiene sentido añorar.

Te deseo tiempo para que te encuentres contigo mism@, para vivir cada día, cada hora, cada minuto como un regalo.

También te deseo tiempo para perdonar y aceptar.
Te deseo de corazón que tengas tiempo, tiempo para la Vida y para tu Vida.