12 de Mayo de 2004…

 

A  mis hijos,  Xavi y Marc…

12 de Mayo…

Un día, no mucho tiempo atrás, dos bebes nacieron… erais vosotros!!

Los pronósticos para que naciérais eran infinitamente pequeños. Vuestro padre y yo no solo tuvimos que conocernos y reencontrarnos de nuevo, sino también atraernos y permanecer juntos el tiempo suficiente para que vuestra creación ocurriera.

Aquí estáis, nos habéis traído un regalo único! Un regalo Divino…

El mundo nunca había visto unas personas como vosotros, sois perfectos, nadie igual a vosotros existirá jamás (excepto vosotros mismos).

Este es vuestro tiempo, estaréis aquí solo por un periodo que se hará corto, como un abrir y cerrar de ojos, aquí crearéis, amaréis, aprenderéis y compartiréis vuestra vida con mucha gente a través de vuestros años y se que algunas cosas parecerán problemas y por momentos tal vez sentáis que vuestro camino es duro y sin sentido, pero solo por el hecho de atravesar cada uno de esos momentos, existirá la prueba de que sois más fuertes y más determinados de lo que jamás podáis imaginar.

Cuando apreciéis esto, cualquier límite que tengáis habrá desaparecido en un instante!

Esos momentos de felicidad que compartiréis con otros, serán posibles solo por VOSOTROS, sin vosotros nunca ocurrirán. Por vosotros hay más alegría en el mundo, más esperanza y compasión y sobre todo más optimismo.

A medida que pase el tiempo, cada acto, aunque parezca ser solo una pequeña piedra en el inmenso mar, al arrojarla creará una onda que se extenderá, así como un pensamiento, asi como una palabra, extendiéndose hasta alcanzar a cientos, a miles de personas, tantas que tal vez nunca conozcáis.

Cuando extendáis vuestro amor, inspiraréis a otros a hacer lo mismo, cuando sonriáis, crearéis otra sonrisa en la persona que os observe… Solo aquellos que han despertado podrán ver vuestra luz donde otros solo verán oscuridad.

Os agradezco inmensamente el haberme elegido y por estar aquí.

Gracias por vuestro amor, amor sin condiciones, amor de verdad.

 

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Texto extraído/adaptado de la red

 

El poema eres tu…

1. Escucha la sabiduría de tu cuerpo, que se expresa por señales de comodidad e incomodidad.Cuando elijas cierta conducta, pregunta a tu cuerpo qué siente al respecto. Si tu cuerpo envía señal de inquietud física o emocional, ten cuidado. Si tu cuerpo envía una señal de comodidad, procede.
2. Vive en el presente, que es el único momento que tienes.Mantén tu atención en lo que existe aquí y ahora; busca la plenitud en todo momento.Acepta lo que viene a ti total y completamente para que puedas apreciarlo y aprender de ello; luego déjalo pasar. El presente es como debe ser. Refleja infinitas leyes de la naturaleza que te han traído hasta este pensamiento exacto, esta reacción física precisa. Este momento es como es porque el Universo es como es. No luches contra el infinito esquema de las cosas; por el contrario, sé uno con él.
3. Dedica tiempo al silencio, a meditar, a acallar el diálogo interior. En momentos de silencio, cobra conciencia de que estás recontactándote con tu fuente de conciencia pura.Presta atención a tu vida interior para que puedas guiarte por tu intuición, antes que por interpretaciones impuestas desde fuera sobre lo que te conviene o no te conviene.
4. Renuncia a tu necesidad de aprobación externa. Sólo tú eres el juez de tu valer.Tu meta es descubrir el infinito valor de ti mismo, sin dar importancia a lo que piensen los demás. Al comprender esto se logra una gran libertad.
5. Cuando te descubras reaccionando con enojo u oposición ante cualquier persona o circunstancia, recuerda que sólo estás luchando contigo mismo. Presentar resistencia es la reacción de las defensas creadas por viejos sufrimientos. Cuando renuncies a ese enojo te curarás y cooperarás con el flujo del universo.
6. Recuerda que el mundo de allí fuera refleja tu realidad de aquí dentro.Las personas ante las cuales tu reacción es más fuerte, sea de amor u odio, son proyecciones de tu mundo interior.Lo que más odias es lo que más niegas en ti mismo.Lo que más amas es lo que más deseas dentro de ti.Usa el espejo de las relaciones para guiar tu evolución. El objetivo es un total conocimiento de uno mismo. Cuando lo consigas, lo que más desees estará automáticamente allí; lo que más te disgusta desaparecerá.
7. Libérate de la carga de los juicios. Al juzgar impones el bien y el mal a situaciones que simplemente son. Todo se puede entender y perdonar, pero cuando juzgas te apartas de la comprensión y anulas el proceso de aprender a amar.Al juzgar a otros reflejas tu falta de auto aceptación. Recuerda que cada persona a la que perdones aumenta tu amor a ti mismo.
8. No contamines tu cuerpo con toxinas, ya sea por la comida, la bebida o por emociones tóxicas. Tu cuerpo no es sólo un sistema de mantenimiento de la vida, es el vehículo que te llevará en el viaje de tu evolución. La salud de cada célula contribuye directamente a tu estado de bienestar, porque cada célula es un punto de conciencia dentro del campo de la conciencia que eres tú.
9. Reemplaza la conducta que motiva el miedo por la conducta que motiva el amor.El miedo es un producto de la memoria, que mora en el pasado.Al recordar lo que nos hizo sufrir antes, dedicamos nuestras energías a asegurarnos de que el antiguo sufrimiento no se repita.Pero tratar de imponer el pasado al presente jamás acabará con la amenaza del sufrimiento. Eso sólo ocurre cuando encuentras la seguridad de tu propio ser, que es amor.Motivado por la verdad interior, puedes enfrentarte a cualquier amenaza, porque tu fuerza interior es invulnerable al miedo.
10. Comprende que el mundo físico es sólo el espejo de una inteligencia más profunda.La inteligencia es la organizadora invisible de toda la materia y toda la energía. Como una parte de esta inteligencia reside en ti, participas del poder organizador del cosmos.Como estás inseparablemente vinculado con el todo, no puedes permitirte el contaminar el aire y el agua del planeta. Pero en un plano más profundo, no puedes permitirte el vivir con una mente tóxica, porque cada pensamiento crea una impresión en el campo total de la inteligencia.Vivir en equilibrio y pureza es el más elevado bien para ti y para la Tierra.


Deepak Chopra

El final del drama..

Nadie que está en unión consigo mismo puede siquiera concebir el conflicto” afirma Un Curso sobre Milagros.
Esto se refiere no sólo al conflicto con las demás personas sino más fundamentalmente al conflicto consigo mismo, que cesa cuando ya no hay ningún choque entre las demandas y expectativas de su mente y lo que es.

Eckhart Tolle

Cuando vives en una aceptación completa de lo que es, ese es el final de todo el drama en tu vida.
La mayoría de las llamadas “cosas malas” que ocurren en la vida de las personas se deben a la inconsciencia. Son creadas por uno mismo, o más bien creadas por el ego. A veces me refiero a esas cosas como “drama”. Cuando usted es plenamente consciente, el drama ya no viene a su vida.

Déjeme recordarle brevemente cómo opera el ego y cómo crea el drama. El ego es la mente no observada que gobierna su vida cuando usted no está presente como la conciencia testigo, como el que observa. El ego se percibe a sí mismo como un fragmento separado, en un universo hostil, sin conexión real interior con ningún otro ser, rodeado de otros egos que, o bien ve como una amenaza potencial o que intentará usar para sus propios fines.Los patrones básicos del ego están diseñados para combatir su propio miedo y su sensación de carencia, que están profundamente arraigados. Son la resistencia, el control, el poder, la codicia, la defensa, el ataque. Algunas de las estrategias del ego son extremadamente inteligentes, pero nunca resuelven verdaderamente ninguno de sus problemas, simplemente porque el ego mismo es el problema.

Cuando los egos se juntan, sea en las relaciones personales o en las organizaciones o instituciones, ocurren cosas “malas” tarde o temprano: drama de un tipo u otro, en forma de conflicto, problemas, luchas de poder, violencia física o emocional, etc.
Esto incluye males colectivos tales como la guerra, el genocidio y la explotación, todos debidos a la inconsciencia masificada. Más aún, muchos tipos de enfermedades son causados por la resistencia continua del ego, que produce restricciones y bloqueos en el flujo de energía que circula por el cuerpo.
Cuando usted se vuelve a conectar con el ser y no está ya dominado por su mente, deja de crear esas cosas. Ya no crea o participa en el drama.

Siempre que dos o más egos se juntan, sigue el drama de uno u otro tipo. Pero incluso si usted vive totalmente solo, puede crear su propio drama. Cuando usted siente pesar de usted mismo, hay drama. Cuando se siente culpable o ansioso, crea drama. Cuando permite que el pasado o el futuro oscurezcan el presente, usted está creando tiempo, tiempo psicológico, el material del que está hecho el drama. Siempre que usted no está honrando el momento presente permitiéndole ser, usted está creando drama.

La mayoría de las personas están enamoradas del drama particular de su vida. Su historia es su identidad. El ego gobierna su vida. Tienen todo su sentido de ser invertido en él. Incluso su búsqueda -habitualmente sin éxito- de una respuesta, de una solución o de curación forma parte de él. Lo que más temen y se resisten a aceptar es el fin de su drama. Mientras sean su mente, lo que más temen y a lo que más se resisten es a su despertar.

Cuando usted vive en una aceptación completa de lo que es, ese es el final de todo drama en su vida.
Nadie puede tener siquiera una discusión con usted, no importa cuánto lo intente. Usted no puede discutir con una persona completamente consciente.
Una discusión implica identificación con su mente y una posición mental, así como resistencia y reacción a la posición de la otra persona. El resultado es que los polos opuestos se energizan mutuamente. Esa es la mecánica de la inconsciencia.
Usted puede todavía establecer su punto de vista clara y firmemente, pero no habrá fuerza reactiva tras ella, ni defensa o ataque. Por ello, no se convertirá en drama. Cuando usted es completamente consciente, deja de estar en conflicto.

Nadie que está en unión consigo mismo puede siquiera concebir el conflicto

Receta del dia: Estar en paz…

Estar en paz es una receta sencilla que podemos elaborar en cualquier momento y lugar. Es esencial, que los ingredientes sean frescos, por lo tanto lo primero que debemos hacer es desechar el pasado. Mientras no desechemos el pasado no podemos preparar este delicioso plato.

Los ingredientes básicos para la elaboración del plato que nos ocupa hoy son: buena voluntad, buena predisposición y no querer tener razón.

Mientras haya resentimiento, pena, malestar, dolor, falta de amor, ausencia de comprensión. No podremos preparar el plato. Estos ingredientes fermentan el plato e impiden su elaboración. Por lo tanto debemos de cocer todos estos ingredientes en el perdón. El perdón los deshace, transmuta y elimina toda la toxicidad que tienen. Sin la cocción del perdón no se puede preparar el plato.

Una vez que hemos eliminado estos elementos, podemos proceder a la elaboración del plato. Se puede preparar en cualquier momento y circunstancia.

Procedemos a relajarnos unos instantes, renunciamos al pasado, cocemos todo con el perdón, que libera toda toxicidad transmutándola en buena voluntad. Abandonamos todo deseo de querer tener razón, le añadimos la buena predisposición y empezamos a crear el plato.

Hay personas que apenas consiguen preparar el plato en toda una vida, por otro lado, hay auténticos expertos en su elaboración. Todos recordamos a Gandi, Jesús, Buddha, Mohoma… Estos expertos lo preparaban en cualquier momento y lo servían a todos los comensales sin distinción. Estar en paz se sirve a todo el mundo, pues sino es así en seguida se fermenta y adultera, perdiendo su esencia.

Estar en paz está recomendado por las organizaciones más importantes del planeta, la OMS, UNICEF, y todas las organizaciones médicas. Lo recomiendan por los beneficios importantes que tiene para la salud. Entre ellos cabe destacar; las ganas de vivir, de sonreír, de compartir. La ausencia de sufrimiento, de dolor, de mal-estar. Además se han dado casos de curaciones asombrosas. No olvidemos que en la cocción del perdón desaparecen todos los resentimientos y con ellos toda sensación de culpa y juicio, causantes de la mayoría de la enfermedades.

Se sirve a cualquier hora y en cualquier lugar. De guarnición podemos poner, una sonrisa, una mirada comprensiva, añadir un abrazo o incluso unas gotas de alegría. Se dice que quien lo prueba repite y hay quien ya sólo se alimenta de este plato.

En todas las culturas de todos los tiempos ha existido. Los indios Norte-Americamos se fumaban una pipa después de degustarlo. En la india se toma té. En Sud-America se acompaña con un mate y en casi todo el mundo con un café.

Cuando se aprende a elaborar correctamente el plato “Estar en paz”, ya no se quiere tomar nada más.

Algunos han comprado que cuando el plato se comparte gana en sabor, se enriquece y no caduca. Entre sus propiedades esté el hecho de que no engorda por más que se toma, por el contrario da sensación de ligereza, relaja el cuerpo y mantiene una sonrisa permanente del que lo consume con asiduidad.

Es recomendable para grandes y pequeños, cuanto más se toma mejor, no se conocen efectos adversos… 😉

 

Dejate fluir…

Prendía luces de día… (para ayudar al sol a que alumbrara…); y abanicaba al viento… (para que no cesara de soplar…); perfumaba las flores… (para que no perdieran su fragancia…), y le echaba agua al río… (para que no mermara su caudal…).

Hasta que un Ángel bajó a decirle: “No es necesario que te esfuerces…; la Vida guarda su equilibrio…; ¡todo está bien tal como es…!”

“Cuando el Creador creó los Mundos, en un supremo acto de amor…, estuvo en todos los ¨detalles¨ … : desde los soles…hasta la flor…”

“Deja que todo siga su curso… ¡…se te agradece la intención…!, pero entrégate al flujo eterno… ¡¡¨y no interrumpas la Canción…¨!!”

¿Y que hay de tí, camarada de ruta?

¿Te dejas fluír en el Río de la Vida…?

¿O “interrumpes la Canción” a cada momento…?

Si eres de los que “perfuman las flores” para que sigan aromando…entonces…, tal vez esta meditación pueda ayudarte a confiar en que “todo está bien tal como es”…, y a “dejarte llevar”…, …sólo “dejarte llevar”…

MEDITACION: DEJATE FLUIR (Jorge Oyhanarte)

Estás allí…flotando sobre el agua…en la corriente transparente de un río sereno…, que corre mansamente buscando su nivel…

Sus manos líquidas te sostienen en este viaje…; te abandonás plácidamente sobre ellas…, y te dejás llevar…

¡Qué leve es todo…! ¡Qué bello y luminoso…! ¡Cuánta paz y dulzura en tu corazón…!

Desaparecen las preocupaciones…los detalles…las trivialidades…, y vas soltando de a poco, todas esas pequeñas cosas humanas que empañan la vida…

Sólo vos…allí…deslizándote suavemente corriente abajo…; el cielo de un azul intenso arriba tuyo…, la caricia dorada del sol sobre tu piel…, y el verde de la vegetación exuberante a los costados…

Y esa sensación de levedad y sosiego…de flujo y liviandad…, como si flotaras más allá de todo…más allá de todo…, ya no sobre las manos del agua…sino sobre las manos de Dios…

Te vas fundiendo en esa sensación extática de gozo infinito…¡te vas adentrando suavemente en el Eterno Ahora…!

Y sentís, en lo más profundo de tu ser…, que todo está bien …, que todo ¨siempre¨ estuvo bien…; que sólo era cuestión de ¨quitarse de en medio¨…y fluír con la corriente de la vida…sólo fluír…

Que ya no importan los resultados…-¿quién busca algo acaso?-…; sólo importa dejarse llevar en ese flujo de bienaventuranza…en ese curso suave que todo lo acomoda…que todo lo serena…que todo lo encauza…

Y de pronto, intuís que el río es tu maestro…; prestás atención…y escuchás el murmullo de sus ondas de plata que te van diciendo… :

“¡Hacé como yo…! ¡Facilitá el fluír de lo que se presenta…! Dejá que los procesos se desenvuelvan por sí solos: …no te entrometas…,no impongas tus necesidades…, no controles…, no intervengas innecesariamente…, sólo permití que las cosas sucedan… Cuando confiás en la sabiduría de la corriente…, la corriente confía en vos…, y todo se despliega como debe hacerlo…”

El susurro de las aguas con su conocimiento ancestral, parece detener por un momento su mensaje…para que lo asimiles cabalmente…, y luego prosigue :

“En lo más íntimo de tu alma…sabés bien que en realidad no hay nada que perder…nada que ganar…nada que temer…; ni siquiera a la muerte, porque es sólo otra forma de volver al Hogar…, como me pasa a mí, que muero sin nostalgias un poco a cada instante…al ir mis aguas desembocando allá en el mar…mi Casa Grande…”

Mientras lo escuchás hablar, un “click” de súbita comprensión relampaguea en tu mente…, y una gravosa mochila hecha de tiempo y de hábitos…, se desata de tu espalda…y cae pesadamente sobre el lecho del río…

Y allí…con ella…, se quedan atrás tus antiguos modos de transitar la vida…

Y ves en un flash…como en una película super acelerada…, a tu “viejo yo” aferrándose a tantas cosas que no valían la pena…: …a la búsqueda constante de resultados…; a querer controlarlo y decidirlo todo…; a desesperarte cuando los ¨desenlaces¨ no encajaban con tu “plano de rutas”…; a esperar siempre un beneficio de cada gesto…

Y todo ello queda allí…sepultado para siempre en el fondo del río…, como un íntimo secreto sólo compartido entre él y vos…

Mientras tanto, la corriente imperturbable sigue hablándote…:

“Si mi fuerza consiste en rodear… y ceder…, y envolver… y fluír…, la tuya radica en la luz de tu conciencia : actuá desde tu centro…y entonces en tu senda no habrá victorias ni derrotas… : sólo habrá vida por vivir…

Y es así como podrás ver la esencia de lo que ocurre a cada instante…, y podrás entonces echar luz –disimuladamente- sobre todas las situaciones…incluso las más oscuras…¡porque sólo el que no intenta brillar…, ilumina !

Y serás flexible con todo lo que a ti llegue…-tal como lo soy yo-,…pero siempre desde tu Centro inamovible.

Y antes de que te vayas de mí…quiero obsequiarte este recordatorio…, para que puedas recuperar este estado de “despiertitud”…, si acaso el viento de las circunstancia quisiera perturbarte…

Si eso llegara a suceder, decíte entonces a vos mismo: ¨en mi mundo todo está bien…; sé que la Vida cuida de mí…; en las aguas mansas del eterno río…, me dejo llevar…, me dejo fluír…¨

¡Y volverás instantáneamente a revivir este momento…, como si fuese por primera vez…!

¡Y volverás a ser lo que ERES…; ni más ni menos, lo que REALMENTE ERES…!

Y ahora te dejo… ¡Debo seguir fluyendo…!”.

Estremecido de júbilo, comenzás a nadar hacia la orilla…para incorporarte otra vez al mundo…, mientras ruedan por tus mejillas, lágrimas de emocionada gratitud…, que al mezclarse con las ondas del agua, parecen destellar con reflejos de oro y de cristal…

En el silencio sagrado del atardecer, te comprometés con vos mismo a no volver nunca más a enfrentar las situaciones de la vida, desde la misma “conciencia” con que lo hacías antes…

Ahora vas a hacerlo únicamente desde el centro de tu Esencia…, desde las altas vibraciones de tu Ser Real…, tu verdadero Yo…

Y al salir ya por completo del agua, te despedís de tu espléndido instructor… :

-“¡Adios, hermano río…! ¡Adios, Maestro de mi corazón…! Te dejo con pesar…pero sé que cada uno debe seguir su curso…”

-“¡Adios, amigo…! –reverbera el murmullo del agua en tus oídos…-; ¡Adios…! ¡Y vé confiado…! Porque…¿te has dado cuenta…? ¡¡Ya estas aprendiendo a desprenderte…!!”

Diferencia entre querer y amar…

—Te amo —le dijo el Principito.

—Yo también te quiero —respondió la rosa.

—Pero no es lo mismo —respondió él, y luego continuó—

Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía. Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.

Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.

Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo.

Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro.

Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar. Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento.

Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza. Y conocerse es justamente saber de ti, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.

Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos.

Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como pareja, padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí. Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar.

—Ahora lo entiendo —contestó ella después de una larga pausa.

—Es mejor vivirlo —le aconsejó el Principito

CUANDO TE PERMITES LO QUE MERECES, ATRAES LO QUE NECESITAS…

Cuando eres consciente de lo que mereces, y por fin, te lo concedes, y aprendes a priorizarte un poco más a ti mismo, llegará lo que necesitas en realidad. No es magia, ni es el universo tejiendo sus leyes de atracción. Es nuestra propia voluntad para ser felices, para tomar las riendas de nuestra vida…

Empezaremos proponiéndote una pequeña reflexión… ¿Qué es lo crees que te mereces a día de hoy?

Puede que hayas pensado en un descanso. En permitirte que el tiempo discurra un poco más despacio para poder así, apreciar todo lo que te rodea. Disfrutar del “aquí y ahora”, sin estrés, sin ansiedad.

Es posible que hayas pensado también “que mereces alguien que te quiera”, que te reconozcan un poco más. Sueles esforzarte mucho por los demás y no siempre ven todo aquello a lo que has llegado a renunciar.

Todos, en nuestro interior, sabemos qué es lo que merecemos. No obstante, el reconocerlo es algo que a veces nos cuesta porque pensamos que puede llegar a ser una actitud egoísta.

¿Cómo decir en voz alta cosas como “necesito que me quieran”, “merezco ser respetado/a”, “merezco tener libertad y tener las riendas de mi vida”? En realidad, basta con decírnoslo a nosotros mismos.

No debemos equivocarnos, porque priorizarnos un poco más no es una actitud egoísta. Es una necesidad vital, es poder crecer interiormente para ser felices.

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Las actitudes limitantes

Muchos de nosotros solemos desarrollar a lo largo de nuestra vida muchas actitudes limitantes. Son creencias en ocasiones inculcadas durante nuestra infancia, o incluso desarrolladas posteriormente en base a determinadas experiencias.

Son esos pensamientos expresados en frases como “no valgo para nada”, “yo no soy capaz de hacer eso, fracasaré”, “¿Para qué intentarlo si siempre me salen las cosas mal?”…

Una infancia complicada con unos progenitores que nunca nos dieron seguridad, o incluso relaciones afectivas basadas en la manipulación emocional, suelen limitarnos casi de un modo determinante. Nos volvemos frágiles por dentro y vamos poco a poco, deshilachando nuestra autoestima.

Reestructura tus creencias. Tú eres más que tus experiencias, no eres quien te hizo daño o quien alzó muros para privarte de tu libertad. Mereces avanzar, mereces leer en tu interior y reconocer tu valía, tu capacidad para ser “apto” en la vida y sobre todo, feliz…

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Lo que mereces, lo que necesitas

Lo que merecemos y lo que necesitamos está tan unido como el eslabón de una cadena. Te pondremos un ejemplo: “Necesito a alguien que me quiera”. Es un deseo común. No obstante, empezaremos cambiando la palabra “NECESITO”, por “MEREZCO”.

Te mereces a alguien que sepa leer tus tristezas, alguien que atienda tus palabras, que sepa descifrar tus miedos y ser el eco de tus risas. ¿Por qué no? Al cambiar la palabra necesidad por merecer, eliminamos ese vínculo de apego tóxico que en ocasiones, desarrollamos en nuestras relaciones afectivas.

Si necesitamos algo para ser felices nos volvemos cautivos de nuestras propias emociones

Empieza por ti mismo/a. Sé tú la persona que quisieras tener a tu lado… La que merece caminar los pasos de tu vida. Al final, llegará alguien que se reflejará en ti. No obstante, empieza también con estas importantes dimensiones:

-Libérate de tus miedos.

-Disfruta de tu soledad, aprende a leer en tu interior, a empatizar más contigo a la vez que con los demás.

-Cultiva tu crecimiento personal, disfruta de tu presente, de lo que eres y de cómo eres.

-Aprende a ser feliz con humildad, desactivando el ego, madurando emocionalmente.

En cuanto te des a ti mismo todo aquello que mereces,convirtiéndote en la mejor versión de ti, llegará lo que necesitas

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Priorizarse a uno mismo no es ser egoísta

Muchas veces seguimos siendo prisioneros de esos pensamientos limitantes explicados al inicio. Hay quien encuentra su felicidad dándolo todo por los demás: cuidando, atendiendo, renunciando a ciertas cosas por los demás.

Es posible que nos educaran así. Ahora bien, siempre llega un momento en que hacemos balance y algo falla. Aparece el vacío, la frustración, el dolor emocional…

Como todo en esta vida, existe la armonía, la conjunción de tu espacio y mi espacio, de tus necesidades y nuestras necesidades. La vida en familia, en pareja o en cualquier contexto social, debe construirse mediante un adecuado equilibrio donde todos ganen y nadie pierda.

En el momento que hay pérdidas, dejamos de tener el control de nuestra vida, dejamos de ser protagonistas para convertirnos en actores secundarios.

Reflexiona durante un instante en estas breves ideas:

-Merezco un día de descanso, para mi mismo, en soledad. Esto me ofrecerá lo que necesito: pensar, liberarme del estrés y relativizar las cosas.

-Merezco ser feliz, tal vez sea el momento de “dejar ir” determinadas personas, o aspectos de mi vida. Ello me permitirá conseguir lo que necesito: una nueva oportunidad.

Todos merecemos dejar de ser cautivos del sufrimiento, de nuestras propias actitudes limitantes. Abre los ojos a tu interior, descifra tus necesidades, escucha tu voz. En el momento que te permitas lo que mereces, llegará lo que necesitas…

 

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Abandonar el peso del pasado…

 “No hay que renunciar al pasado porque sea malo, sino porque está muerto” (Tony de Mello)

Efectivamente, no hay que renunciar al pasado porque sea malo, ni hay que engancharse a él porque fue bueno: hay que dejarle seguir en el recuerdo, más o menos vivo, pero como invitado silente al que se acude cuando uno quiere, pero, mientras, no entorpece y estorba.
El pasado es la forma en que llamamos a todo lo que pasó justo antes de este momento. 
Está compuesto por todas las vivencias que tuvimos, por los bellos mensajes que nos dejaron las cosas cuando sucedieron, o por las heridas que nos causaron; por las personas que tratamos, por los sueños que tuvimos, por las alegrías y las decepciones, por los besos y las heridas, por lo que hicimos y por lo que no hicimos. 
Se alimenta, casi siempre, de nostalgia o de arrepentimiento. 
No tiene entidad. No se puede tocar, ni se puede ver: sólo unas fotos o unos documentos escritos dejan constancia de que una vez fue presente. 
Pero el pasado no es lo que archivamos en la mente, porque ésta siempre se encarga de dar su versión particular y de añadir o quitar, según los intereses de cada uno de esos recuerdos; además, olvida, o deja que el tiempo redondee las aristas como hacen los ríos con las piedras. También permite que, desde que se crearon los malos recuerdos, engorden desaforadamente hasta salirse de su realidad.
Nuestro pasado, en muchísimas ocasiones, no es la realidad de lo que pasó, sino una opinión de lo que sucedió.
Al pasado acudimos mediante el recuerdo, y por supuesto que tenemos que recordar el pasado, pero con el fin de sentirlo como un fundamento de nuestro ser, como una fuente de experiencias y aprendizaje; eso sí, recordando siempre de forma instantánea que no está ocurriendo “ahora”, que no es nuestro “ahora”. 
La mayoría de las veces caemos en la trampa que nos tiende: los momentos del pasado afloran a la mente consciente (parece que esto lo impulsa el deseo de evolución) y tendemos a creer que estamos reviviéndolo. 
Esto trae el pasado al “ahora” con tal intensidad que lo remplaza. Si es así, entonces perdemos contacto con la correcta prioridad del tiempo, porque la persona tiende a responder a las mismas situaciones o las mismas respuestas, hasta que es consciente de su “ahora” y de su deseo de actuar como “ahora”.
Es muy importante comprender claramente este último aspecto de su utilización, porque, en muchas ocasiones, tenemos tendencia a acudir al pasado e instalarnos en él, que no es lo mismo que traerlo a nosotros para recordarlo, disfrutarlo, o aprender. 
Lo explico:
Esta es una representación imaginaria de nuestro paso por los años: partimos de cero y vamos hasta el último. No es correcta porque no vamos por los años, sino que siempre estamos en el presente, en hoy. 
Pero, para quien siga utilizando esta forma y hasta que se dé cuenta de que no es así, le cuento dónde está el error de la utilización del pasado. 

Yo estoy en un punto de mi vida hoy (por ejemplo, 45 años) y voy hacia el final (por ejemplo, 100 años), si me ocupo en volver al pasado, hacia los 20 años, hacia los 30 años, no avanzo, sino que me detengo, e incluso retrocedo. 

La actitud correcta es traer esa etapa o situación pasada al día de hoy, que venga ella, que me acompañe durante un momento en mi actualidad o mi caminar, y, después, ella misma regrese al sitio donde debe estar. 
La diferencia entre las dos posturas es evidente: si yo voy a mi pasado y me instalo en él, sintiendo como sentía en el pasado, aferrado a lo que ha pasado, pensando y actuando como en el pasado, no estoy viviendo en mi presente, no sigo creciendo, no conozco nuevas tierras ni más amplios horizontes. 
En cambio, si traigo con el recuerdo, serenamente, algo que ya ha pasado hasta el día presente, sin dejar ni un solo instante de estar aquí, en mi actualidad, yo sigo en mi Camino y él me acompaña durante un rato.
El pasado está lleno de enseñanzas, no hay duda, de las cuales hemos visto algunas y otras quedan escondidas, porque entonces no las vimos o no las quisimos ver. 
Suele pasar mucho con las situaciones pesarosas del pasado, que sólo hemos extraído de ellas el sufrimiento y nos hemos quedado sin aprehender la lección, con lo cual corremos el riesgo más que probable de que se vuelva a repetir. 
Por supuesto que es bueno volver a traer esas situaciones al presente, pero para examinarlas a la luz serena del presente, sacar el jugo que llevan, y sacar la advertencia o el consejo. 
No ha de doler hurgar un poco más allá de donde está el sufrimiento, porque justo inmediatamente detrás aparece en toda su magnitud la lección de esa experiencia.
Y es importante revisar las actitudes del pasado, porque en muchas ocasiones, y sin ser conscientes de ello, estamos actuando de acuerdo a ellas. 
La constante repetición de fobias, experiencias y traumas del pasado siguen manteniéndonos anclados dolorosamente en el pasado. 
Fíjate en esto: no hay “hábitos” en el “ahora”, porque el “ahora” está naciendo constantemente; el “ahora” es siempre una nueva experiencia a través de la cual existe un sentimiento de novedad en todas partes. El “ahora” es virgen, y en el “ahora” está todo por hacer y se puede hacer del modo que uno decida libremente hacer.
Traer el pasado al presente, con ánimo de aprendizaje, es una buena decisión, porque es a través de eso donde podemos encontrar lo que se llama la mente programada. 
Consiste en darse cuenta de que la educación, las vivencias, y los modos de actuar del pasado. Si no los actualizamos, siguen mandando en nosotros, haciéndonos funcionar de una manera mecánica y con los datos que nos inculcaron entonces o que arrastramos desde entonces. 
Podemos estudiar muchas cosas y darnos cuenta de muchas otras, pero si no vamos al origen donde nacieron las tomas de decisiones y las formas de acción, el sitio donde esta el control de mando, y si no comprobamos si funciona de forma autónoma e inconsciente, o si no somos capaces de actuar de forma fresca y distinta en cada una de las situaciones, nunca sabremos cuánto hay de libertad y de voluntad propia en cada uno de los pensamientos que nos nacen; nunca sabremos quién nos ha dicho lo que tenemos que hacer, por qué y cómo; nunca sabremos cuánto de miedos infantiles o de educación equivocada seguimos arrastrando; nunca sabremos si estamos siendo lo que podríamos ser o si seguimos regidos por una mente programada que no sabe salirse de la repetición constante de la misma respuesta al mismo estimulo. 
Sería bueno preguntarse, ¿Realmente estoy siendo YO?… 
¿O me manda esta mente que me habita, convertida en dictadora?… 
¿Seguro que se distinguir entre yo y mi mente?… 
Es muy importante desde el presente ver el pasado y tomar consciencia y posesión del presente, para inaugurarlo todo: desde una forma distinta de pensar (en el caso de lo que sea necesario modificar, ya que no hay que modificar todo y porque sí) hasta una nueva concepción de la manera de sentir o de vivir.
Es bueno revisar si en el presente sigues creyendo y arrastrando cosas del ayer. 
Por ejemplo, si tienes un complejo de que eres mal dibujante porque en el colegio sacabas malas notas en dibujo… 
¿Qué te importa ahora?
¿Por qué sigues sintiendo dentro de ti una incapacidad que no te sirve para nada, pero que en cambio tiñe una parte de ti de un color sobrio?
¿Qué importa que en el colegio fueras un mal portero y te metieran muchos goles y el resto de compañeros se burlasen de ti?
Ya no estás en el colegio… 
Ser mal portero corresponde al pasado… 
¿No podrías perdonarte por aquello –o borrarlo completamente con todas sus secuelas- y comenzar de nuevo?
¿Qué importa que tu madre dijera que eras una mala cocinera porque te costó trabajo aprender?
¿Acaso no sabes cocinar ahora?
¿Qué importa que fueras el patito feo del baile, si ahora has descubierto que hay otros tipos de belleza?
Ya sabes que no se ha de ser el mejor de todo, ni el que más de nada, sino que se ha de ser quien se es; ser uno mismo, hasta donde se llegue, hasta donde se pueda.
El pasado puede convertirse en una atadura implacable que lucha con fiereza para mantenernos a su lado.
El pasado no nos suelta, como si fuéramos su más codiciada presa; nos engaña diciéndonos que él es la experiencia que ya hemos pasado y que ahí podemos estar tranquilos; el pasado engatusa, nos miente diciendo que nosotros somos el pasado; el pasado desmiente al futuro y proclama que solo él es cierto, y nos embauca recitándonos el refrán que dice que “vale más malo conocido que bueno por conocer”; el pasado nos ata, y nos estanca; nos corta las alas, y nos intenta convencer de que no podemos escapar de él, porque contiene y mantiene cosas de la que tenemos que arrepentirnos y por las cuales aún hemos de sufrir un poco más.
Y no es cierto. 
El pasado no existe. 
El pasado es algo que murió hace tiempo. 
Lo único que aún queda es el fantasma de su paso, pero hemos de tener la seguridad y la paz de saber que no puede seguirnos, ni puede atraparnos, ni puede enviarnos sus demonios… si no estamos abiertos a aceptarlos.
Tomar conciencia del presente, sabiendo que es en el presente donde estamos todo el tiempo –y que podemos tomar libremente las decisiones que queramos por propia voluntad-, y tomar la firme y sensata decisión de escapar de las malas influencias del pasado –poniendo al mismo tiempo a buen recaudo todas las buenas-, es una labor ardua y gratificante que sería bueno que ocupara todo el tiempo que está por venir.
Será estupendo escapar de las malas influencias de esa parte cruel del pasado que nos recrimina y nos fuerza negativamente, y empeñarse en la noble tarea de construir un presente descondicionado, libre, grato y gratificante.
Te dejo con tus reflexiones…


Gracias, Francisco de Sales